viernes, 5 de septiembre de 2014


En el centro de la jaula
balancea la tristeza amarilla
el pájaro de un solo músculo
y de ya quién sabe si media vida.
Embolo ciego de la inconsciencia
y prostituta de la literatura
fornicadora con deseo pero sin sexo
que inunda la vida y los sentidos
y que nunca recibe visitas.


Tengo en el centro una jaula abierta
donde el pájaro de la tristeza balancea sus ausencias
que son las mías,
y mira hacia los lados
y no encuentra sino muertos
que hablan como si nada hubiera ocurrido.

He dicho que tengo al menos
-en el centro-
una jaula que ya no sirve
con un pájaro que ya no vuela
y espera a pudrirse conmigo.
Motor mínimo que cedió sus alas


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