jueves, 4 de septiembre de 2014

días

Hoy es uno de esos días.

Periodos desiguales que siguen con disciplina
la estrategia adolescente de dejarse crecer el pelo
como respuesta a cuál es tu plan de vida.
Horas alternas en los que  revisas tus costumbres
y cuelgas revistas ya amarillas de los árboles,
como si pudieras sujetar el otoño con una cadena
y llevarlo contigo,
por si te apetece sentirte triste, un día.
Espacios completos de memoria
en los que buscas sin consuelo
los pájaros que anidan  en las antenas de los grillos
para poder  mirar hacia atrás
y comprobar   si vuelven  (tal vez olvidaron algo) 
los atardeceres  metálicos con cierto sabor a fin del mundo.
Intervalos repletos de sombras retorcidas
que ocupan  lo poco  que nos queda de ese cielo
que aún arde en deseos bastardos no reconocidos. 
Distancia indefinida que no regresa
en la que no queda más remedio
que extirpar los aeropuertos de  la entrepierna
y hacer un inventario vago e innecesario
con los que completar  los cuadernos de la primera persona.
Días en los que percibes a ese insecto que usurpó tu identidad
y que a veces se asoma y saluda desde el ombligo.

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