sábado, 11 de mayo de 2013

viaje de estudios

La vida,
sobre un barco cuyas dimensiones son
un millar de corazones de eslora,
inmediata  cuando  son propiedad de adolescentes
que viajan a la velocidad
en la que se transmiten los  mensajes dentro de una botella.
De whisky, por supuesto.

La vida,
sin más intención que girar en torno a una estrella mojada
que se debate entre el bar de proa o de popa,
jacuzzi de primero o casino al Alba,
y que sabe que el amor se juega en partidas de dospordosnosoncuatro
y a las 12:31,
hora local entre algún punto entre Roma y Génova.

La vida,
que se abre como en un quirófano
y muestra las deshabitadas entrañas de la nada,
y nos hace temblar tras tocar de nuevo tierra
y hace que juremos como juran las viejas
que jamás volveremos a bordo,
hasta que se nos olvide
aquello que ahora mismo no recuerdo.

















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