martes, 8 de mayo de 2012

maggio duemila e dodici


Despierta.
Coge una linterna
y busca algo de abrigo.
Tal vez haga frío.
No hagas ruido.
Es mejor que nadie lo sepa.
Camina como si fueses un niño
que  en mitad de la noche
quiere escaparse al jardín.
No pases mucho tiempo allí abajo.
No cambies nada de lugar.
No limpies el polvo que todo lo envuelve.
Respira con normalidad,
tranquilízate,
ya has estado aquí antes.
No toques demasiadas cosas
o te dolerá la barriga.
Y cuando regreses,
vuelve sin más a la cama.
No pienses demasiado
o piensa en otra cosa
como en lo largos que son ya los días
o en lo bien que te sienta salir a correr cada sábado.
No le des muchas vueltas.
No quieras volver la noche siguiente.
Sonríe si te apetece.
Llora.

Te debes a los  sótanos de la memoria.





2 comentarios:

Carlos Sanjuan dijo...

Que bueno es visitar el mundo onírico de las realidades

Anónimo dijo...

Qué belleza llegar a esos sótanos!!!
Pero mejor el recorrido antes de llegar a ellos a los que nos debemos.
A veces no salimos de sus vientres.

Saludos,

Andri Alba